17 de noviembre de 2009

Ribeyro y la felicidad


Han sido días de pesadumbre y agotamiento. La fuerza vital se me escapa y tengo que luchar contra mí mismo, sin armas, para levantarme y dar unos pasos, o abrir un libro mientras me alimento residualmente.

Por supuesto, ha desaparecido casi por completo el hábito de la escritura. Estas que escribo son palabras de vuelta. Escribir es siempre regresar. No obstante, a pesar de la nulidad de todas estas horas perdidas, a veces uno se encuentra con ciertas salidas que se vuelven perdurables hallazgos. Apenas antenoche encontré un libro que me es desde ya entrañable. Se trata del diario de Julio Ramón Ribeyro, un excelente cuentista peruano. Un hombre con mi naturaleza. Muchas de las cosas que escribe me contienen: su terror a los sometimientos de las relaciones sociales, su mirada sobre el mundo femenino, la tentación genial del fracaso, sus formulaciones acabadas y equívocas. Por supuesto que su sentido del análisis introspectivo me es completamente ajeno y envidiable.

Entre las páginas de su diario encuentro estas palabras que hablan de un paraíso inescrutable y perdido, muy semejante al que vivo: “lo que deseamos se nos da, pero muy pocas veces en el momento oportuno […] Es terrible pensar que uno se priva de tantas cosas bellas y definitivas –en el sentido de que pueden definir una vida– por una falta de concordancia entre diversas situaciones. La felicidad, desde esta perspectiva, no es otra cosa que la coincidencia del mayor número de circunstancias favorables”.

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