10 de octubre de 1999
Escribir con voz incierta
¿Cómo inicia la escritura? A veces es simplemente un arrebato. Quisiéramos que fuese algo más allá de nosotros, pero en general suele ser algo más bien pedestre y subjetivo. Hay una noción muy extendida en torno a escribir como una actividad trascendental, heroica, sagrada. Supongo que el romanticismo todavía tiene sus hijos en la actualidad. A mí me parece que se trata más bien de una necesidad situada y que se transforma con el tiempo. Cada quien halla en las palabras lo que el deseo le oculta. Cada quien escribe como una frontera que se vincula con su propio estar en el mundo, o lo que es lo mismo, con los límites de su mundano cuerpo. No concibo hablar sin una voz particular y no concibo escribir sin esto que me rodea: una habitación que me contiene, unos libros que me avasallan, un hogar en el que me reconozco a medias. Además, por supuesto, de lo que implica la reproducción de mi propia vida: escribo porque alguien me sostiene y ese sostén me facilita tener este tiempo para teclear algo que produzca algún sentido. ¿Para qué arrojar estas letras al ciberespacio? ¿Ejercicios de estilo? ¿Mecanismo para moldear algunas ideas? ¿Registro de mis días? ¿Atrapar la infinitud por un instante? No lo sé, no pienso que la literatura tenga todavía alguna trascendencia. Pero ya veré si escribir en este espacio me conecta con algo que sea un no lugar, un afuera, una otredad desde la cual derivar algún tipo de voz incierta.
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