1 de noviembre de 2013

Escribir qué / Qué escribir

Que escribir sea no producir reconocimiento / Que escribir sea no producir / Que escribir sea NO / Que escribir sea / ¿Qué escribir? / ¿Qué?

15 de septiembre de 2013

La represión como ideología

“Para ser granadero o para pertenecer a una de las nutridísimas fuerzas represivas del país, se necesita básicamente un grave resentimiento social no formulado de modo coherente o racional, una capacidad subfreudiana de vengarse despiadadamente en todo ser concreto de la injusticia del mundo y un código moral reducido al voraz acatamiento de las órdenes. Decir que los granaderos o que la policía antimotines se comportaron con barbarie es proferir un pleonasmo. El oficio, el sentido mismo de su acción es la represión límite. Desde el principio han funcionado como un Monstruo de Frankestein legalizado, el inconsciente liberado del Principio de Autoridad. Sin demasiada retórica, es posible afirmar que un granadero resulta la imagen desnuda de ese Principio en el instante en que se libera del peso muerto de su muerto respeto por la Constitución y de su vana palabrería humanitaroide. De allí que ni la policía ni los granaderos ni ninguno de los numerosos cuerpos que han intervenido en estos días, resulten otra cosa que meros instrumentos mecánicos. Desde que se asumió la decisión de utilizarlos se decidió el tono de la represión: brutal y desmedida. Porque esas virtudes que tanto han demandado los profesionales de la cordura, esa ponderación y ese juicio severo y esa proclividad al ensimismamiento reflexivo, no forman parte que se sepa de las posibilidades humanas de los cuerpos represivos [...] Lo objetivo, lo que se desprende de la saña y el rencor con que policías y granaderos vengaban su falta de oportunidades en la vida, con que policías y granaderos y agentes justificaban el buen juicio de sus empleadores que saben hasta qué punto el resentimiento elemental jamás podrá entender de solidaridad o de nobleza; lo que se desprende de la furia y el estrépito con que se decidió afirmar públicamente el absoluto monopolio de las calles de México, es la vieja noción de siempre: en este país nadie sino el Poder tiene voz, tiene movimiento y tiene ideas políticas. Poder es monopolio: si hay afirmaciones democráticas se harán a partir de la Cámara de Diputados; los pronunciamientos revolucionarios son sinónimo de decretos oficiales”

Carlos Monsiváis, 21 de agosto de 1968


Represión a un fotógrafo por parte de las policía mexicana el viernes 13 de septiembre de 2013, durante el desalojo del Zócalo capitalino.

10 de agosto de 2013

Lo mejor del cine iberoamericano

Mi irremediable obsesión por los listados y mi gusto por el cine me llevaron a encontrar estas tres selecciones de lo mejor del cine iberoamericano. Más allá de estar de acuerdo o no con los criterios y la elección de estas obras, los ejercicios realizados resultan estimulantes...


Revista Arcadia / Las 25 mejores películas latinoamericanas de la historia

1. Amores perros (México, 1999) Alejandro González Iñárritu
2. Memorias del subdesarrollo (Cuba, 1968) Tomás Gutiérrez Alea
3. Ciudad de Dios (Brasil, 2002) Fernando Meirelles, Kátia Lund
4. Los olvidados (México, 1950) Luis Buñuel
5. La ciénaga (Argentina-Francia-España, 2000) Lucrecia Martel
6. Whisky (Uruguay-Argentina-Alemania-España, 2004) Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella.
7. El secreto de sus ojos (Argentina, 2009) Juan José Campanella
8. El ángel exterminador (México, 1962) Luis Buñuel
9. La historia oficial (Argentina, 1985) Luis Puenzo
10. Dios y el diablo en la tierra del sol (Brasil, 1963) Glauber Rocha
11. Rodrigo D. No futuro (Colombia, 1990) Víctor Gaviria
12. Y tú mamá también (México, 2001) Alfonso Cuarón
13. Estación central de Brasil (Brasil, 1997) Walter Salles
14. Historias mínimas (Argentina, 2002) Carlos Sorin
15. La vendedora de rosas (Colombia, 1998) Víctor Gaviria
16. Nueve reinas (Argentina, 2005) Fabián Bielinsky
17. El hijo de la novia (Argentina, 2001) Juan José Campanella
18. La estrategia del caracol (Colombia-Italia, 1993) Sergio Cabrera
19. El lugar sin límites (México, 1978) Arturo Ripstein
20. Fresa y chocolate (Cuba-México-España, 1993) Tomás Gutiérrez-Alea, Juan Carlos Tabío
21. La batalla de Chile (Chile, 1975-1979) Patricio Guzmán
22. El pez que fuma (Venezuela, 1977) Román Chalbaud
23. Machuca (Chile-España-Reino Unido-Francia, 2004) Andrés Wood
24. La teta asustada (Perú-España, 2009) Claudia Llosa
25. Pixote (Brasil, 1981) Héctor Babenco

Casa de América / 20 años de Cine Iberoamericano

Un lugar en el mundo (Argentina, 1992) Adolfo Aristarain
Fresa y chocolate (Cuba-México-España, 1993) Tomás Gutiérrez-Alea, Juan Carlos Tabío
La estrategia del caracol (Colombia-Italia, 1993) Sergio Cabrera
Gatica, el mono (Argentina, 1993) Leonardo Favio
Profundo carmesí (México-España-Francia, 1996) Arturo Ripstein
Estación central de Brasil (Brasil, 1997) Walter Salles
Chile, la memoria obstinada (Chile-Canadá-Francia 1996-1997) Patricio Guzmán
La vendedora de rosas (Colombia, 1998) Víctor Gaviria
Amores perros (México, 1999) Alejandro González Iñárritu
La ciénaga (Argentina-Francia-España, 2000) Lucrecia Martel
Plata quemada (Argentina-España, 2000) Marcelo Piñeyro
Mundo grúa (Argentina, 2000) Pablo Trapero
Ciudad de Dios (Brasil, 2002) Fernando Meirelles
Edificio Master (Brasil, 2002) Eduardo Countinh
Suite Habana (Cuba-España, 2003) Fernando Pérez
Whisky (Uruguay-Argentina-Alemania-España, 2004) Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella.
Machuca (Chile-España-Reino Unido-Francia, 2004) Andrés Wood
Cobrador, In God We Trust (Argentina-Brasil-España-México-Reino Unido, 2007) Paul Leduc
Los que se quedan (México, 2008) Juan Carlos Rulfo, Carlos Hagerman
La teta asustada (Perú-España, 2009) Claudia Llosa

Festival de Valdivia / 10 films esenciales del período 1993-2012

1- Whisky (Uruguay, 2004) Pablo Stoll-Juan Pablo Rebella
2- Luz silenciosa (México, 2007) Carlos Reygadas
3- Santiago (Brasil, 2007) João Moreira Salles
4- La libertad (Argentina, 2001) Lisandro Alonso
5- La ciénaga (Argentina, 2001) Lucrecia Martel
6- Historias extraordinarias (Argentina, 2008) Mariano Llinás
7- Un tigre de papel (Colombia, 2007) Luis Ospina
8- Hamaca paraguaya (Paraguay, 2006) Paz Encina
9- Silvia Prieto (Argentina, 1999) Martin Rejtman
10- Aquí se construye (Chile, 2000) Ignacio Agüero

3 de julio de 2013

Breve defensa del bajo perfil

Ahora que ya no tiene prestigio, que ha sido abandonado, que se ha vuelto el hazmerreír de los espacios virtuales, el blog constituye el nuevo sitio de los hallazgos. De algún tiempo a esta parte me parece que todo texto valioso se halla un poco aislado de la esfera pública, o al menos de la escena, del teatro en vigor. Ahí donde no se encuentran los reflectores es donde podemos hallar aquello que todavía no ha sido limitado en su voluntad de emancipación y apertura. Es como si el ojo público tendiera a darle carpetazo a las experiencias valiosas contenidas en las palabras. Alguien dice “éste hace algo que vale la pena” y enseguida las personas voltean a ver al ratoncito que en principio se siente incómodo y enseguida se sienta a sus anchas. Y entonces todo mundo lo ve, pero nadie se entera de qué hacía, ni de qué era “eso” que valía la pena. Están ahí los efectos no deseados del ejercicio crítico: cuando llega a las multitudes, el juicio termina por asimilar la anomalía, por reducir la complejidad de lo originalmente sentido como desafío y liberación. Estamos rodeados de constantes procesos de sustitución y desplazamiento; el reduccionismo sin fin. Una mirada específica lo destruye todo; una exclamación autorizada basta para enterrar el lugar en donde el abismo tenía cabida. Díganle a un escritor que sus palabras cuentan y comenzará a escuchar cómo sus dedos hacen sonar las pocas monedas de su bolsillo; esto, mientras retoca su nuevo look frente al espejo. Yo diría que en eso consiste “clausurar”, en abandonar el espacio vivo y de algún modo ensombrecido, para dejarse ocupar por la luminosidad de los aplausos colectivos. Acaso sea un proceso natural tal exilio del espacio que nos habita (todos hemos dejado de ver a amigos esenciales, por ejemplo; y todos, en algún momento, protagonizaremos los funerales de nosotros mismos). Y justo por ello debiera ser una lucha continua mantener el bajo perfil e instigar al ego a no desbordarse en arrebatos festivos. ¿Acaso no es verdad que, para evitar la repetición de fórmulas banales, habría que conservar la imposibilidad como horizonte? O dime tú, escritorcillo, ¿qué sentido tiene a la larga inscribir el propio destino en querellas inoperantes? Por eso digo que mantener un blog, en estos días en que se ha declarado su muerte, en que ha perdido todo vestigio de moda, puede ser para algunos perseguir un afuera. En todo caso, y en el espacio que sea, la intención debiera ser reproducir la anomalía. Seguir volcado a generar experiencias de inadecuación y contrariedad. Sólo así se puede evitar el hastío, salir de los convencionalismos y las rutinas. Claro, esto sólo se logra fugazmente, de modo efímero, durante los breves instantes que dure la escritura o la lectura. La liberación es, a fin de cuentas, una experiencia breve, transitoria y perecedera. Por eso mismo, si la incomodidad es un lugar ilusorio, siempre es un lugar vivo.

16 de junio de 2013

Agamben sobre Welles, Don Quijote, la imaginación y el desencanto

"Sancho Panza entra en un cine de una ciudad de provincia. Viene buscando a don Quijote y lo encuentra: está sentado aparte y mira fijamente la pantalla. La sala está casi llena, la galería –que es una especie de gallinero– está completamente ocupada por niños ruidosos. Después de algunos intentos inútiles de alcanzar a Don Quijote, Sancho se sienta de mala gana en la platea, junto a una niña (¿Dulcinea?) que le ofrece un chupetín. La proyección está empezada, es una película de época, sobre la pantalla corren caballeros armados, de pronto aparece una mujer en peligro. Inmediatamente Don Quijote se pone de pie, desenvaina su espada, se precipita contra la pantalla y sus sablazos empiezan a lacerar la tela. Sobre la pantalla todavía aparecen la mujer y los caballeros, pero el rasgón negro abierto por la espada de Don Quijote se extiende cada vez más, devora implacablemente las imágenes. Al final, de la pantalla no queda casi nada, se ve sólo la estructura de madera que la sostenía. El público indignado abandona la sala, pero en el gallinero los niños no paran de animar fanáticamente a Don Quijote. Sólo la niña en platea lo mira con desaprobación.

¿Qué debemos hacer con nuestras imaginaciones? Amarlas, creerlas a tal punto de tener que destruir, falsificar (este es, quizás, el sentido del cine de Orson Welles). Pero cuando, al final, ellas se revelan vacías, incumplidas, cuando muestran la nada de la que están hechas, solamente entonces pagar el precio de su verdad, entender que Dulcinea –a quien hemos salvado– no puede amarnos."


Giorgio Agamben, "Los seis minutos más bellos de la historia del cine",
en Profanaciones. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005, pp. 123-124.