8 de diciembre de 2009
Inquietud
El duelo sería mejor porque ahí la certeza aparece como algo total, por aquello ante lo que ya no se tiene miedo (puesto que lo peor ya ha ocurrido y es irreversible). En cambio, esta duda, las perplejidades cotidianas, los titubeos constantes y la fragilidad de la vida en su conjunto, pareciera no tener fin. La pérdida sí, se vuelve aceptable; pero sola, la herida, no es la paz de los sepulcros. Si tan solo la inquietud fuese seña de esperanza y no de sospecha.
6 de diciembre de 2009
Tarde dominical con Angélica María
En medio de horas tristes, veo una película increíble. Lleva por título "Cinco de chocolate y uno de fresa" y es protagonizada por Angélica María y Fernando Luján. El argumento es alucinante, el resumen que trae la miniguía de Cablevisión lo intensifica y lo vuelve muy atractivo: "Una novicia come unos hongos especiales y cambia de personalidad actuando como una alocada joven sicodélica". Navegando la red me encuentro un agregado jocoso: "Unas monjas superiores que la vieron cambiar no dan crédito a lo que ven sus ojos". Puestas las cosas así, resulta casi obvio que haya sido filmada en 1968 y que José Agustín participara en el proyecto. Con ojos permisivos y relajientos, pueden realmente disfrutarse algunas de las escenas que incluye la cinta:
1) Angélica María y sus secuaces toman Radio Mil a punta de pistola (las armas son de juguete). La protagonista aprovecha para cantar una canción cuyo estribillo más memorable es el siguiente: "Tal vez me entregues tu amor y tu corazón... en prisión".
2) Para entrar a la Sociedad protectora de animales y "liberar" a diversas especies (entre ellas un mono, varios flamingos y una vaca) Angélica María se pone a ladrar.
3) Luego de secuestrar y pedir rescate por el Presidente de la Asociación de Banqueros, Angélica María devela el lugar de la casa de seguridad. Al colgar, el jefe de policía ordena: "Hay que conseguir permiso para bombardear el Desierto de los leones; esa cabaña debe ser la guarida de una organización criminal internacional".
4) Todas aquellas en las cuales Angélica María encarna a la mujer maravilla autóctona: vestidos brillantes, botas amarillas y capas rojas o de colores.
Al terminar de ver la película, pienso que el cine mexicano, entre muchas más cosas, sirve para consolar las tardes agüitadas. Para mayor admiración dejo acá el nombre del director: Carlos Velo (también director de "El medio pelo", "Pedro Páramo" y "Felipe II y el Escorial"). Además, un video en que puede apreciarse la audacia (entre ridícula y fascinante) de la imaginación mexicana:
1) Angélica María y sus secuaces toman Radio Mil a punta de pistola (las armas son de juguete). La protagonista aprovecha para cantar una canción cuyo estribillo más memorable es el siguiente: "Tal vez me entregues tu amor y tu corazón... en prisión".
2) Para entrar a la Sociedad protectora de animales y "liberar" a diversas especies (entre ellas un mono, varios flamingos y una vaca) Angélica María se pone a ladrar.
3) Luego de secuestrar y pedir rescate por el Presidente de la Asociación de Banqueros, Angélica María devela el lugar de la casa de seguridad. Al colgar, el jefe de policía ordena: "Hay que conseguir permiso para bombardear el Desierto de los leones; esa cabaña debe ser la guarida de una organización criminal internacional".
4) Todas aquellas en las cuales Angélica María encarna a la mujer maravilla autóctona: vestidos brillantes, botas amarillas y capas rojas o de colores.
Al terminar de ver la película, pienso que el cine mexicano, entre muchas más cosas, sirve para consolar las tardes agüitadas. Para mayor admiración dejo acá el nombre del director: Carlos Velo (también director de "El medio pelo", "Pedro Páramo" y "Felipe II y el Escorial"). Además, un video en que puede apreciarse la audacia (entre ridícula y fascinante) de la imaginación mexicana:
28 de noviembre de 2009
Chillida Leku
Pasamanos o peldaños

Dejo acá cuatro citas que en estos días rondan mi cabeza como si se tratara no de oráculos, sino de los peldaños de una escalera por la cual salir de un cuarto tapiado. O como si fuesen los eslabones firmes de un pasamanos imaginario que acaso puedan transladarme a un sitio que me impida caer del todo, y al mismo tiempo sentir que sigue siendo posible volar:
1. “Si el hombre a veces no cerrara soberanamente los ojos, terminaría por no ver ya lo que vale ser mirado” (René Char)
2. "No olvidar que el error muchas veces se había convertido en mi camino. Siempre que no resultaba cierto lo que pensaba o sentía, entonces se producía una brecha. Y si antes hubiese tenido valor, ya habría entrado por ella. Más siempre sentí miedo del delirio y el error. Mi error, no obstante, debía ser el camino de una verdad: pues únicamente cuando me equivoco salgo de lo que conozco y entiendo. Si la verdad fuese aquello que puedo entender, terminaría siendo una verdad pequeña, de mi tamaño. La verdad tiene que estar en lo que jamás podré comprender” (Clarice Lispector)
3. “Di lo mejor de mí cuando me dejaron” (James Joyce)
4. "No tenemos ninguna razón para desconfiar de nuestro mundo, pues no está contra nosotros. Si tiene espantos, son nuestros espantos; si tiene abismos, esos abismos nos pertenecen; si hay peligros, debemos intentar amarlos. Y si orientamos nuestra vida solamente según ese principio que nos aconseja que nos mantengamos siempre en lo difícil, entonces lo que ahora se nos aparece todavía como lo más extraño, se hará lo más familiar y fiel nuestro... ¿Por qué excluir de la vida ninguna intranquilidad, ningún dolor, ninguna melancolía...?” (Rainer Maria Rilke)
27 de noviembre de 2009
Juan José Reyes sobre "Sentido de fuga"
Dejo aquí la reseña sobre mi libro Sentido de fuga. La ciudad el amor y la escritura que apareció en en Siempre! el pasado 9 de agosto de 2009.
* * *
La ciudad inatrapable
Juan José Reyes
La ciudad, como antes los mares, tiene poder para
que quienes cruzan por ella o la habitan no puedan controlar su impulso de
interpretarla o al menos de registrar los hechos o los sueños o las sensaciones
o los sentimientos que ella misma suscita. Es sitio de aventuras y de pasmos,
de sobresaltos y monotonías, de dramas y de fiestas, de seguros amores, de
traiciones, de corrupciones y de esperanzas, de aliento y camaradería, de susto
y duelo, de deseos y cicatrices del deseo. Hacen crónica de la ciudad sobre
todo los jóvenes escritores, remarcando su impulso de poseerla y su certeza de
que es inatrapable y por eso mismo tan seductora.
Con este libro Jezreel Salazar, nacido en 1976 en
la Ciudad de México, ganó el Premio de Crónica Urbana que cada año otorga la
Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Tal es un premio joven que
rápidamente va ganando fuerza, a juzgar por los trabajos de sus ganadores (el
primero de ellos es un libro espléndido de Magali Tercero). El de Salazar
también es un magnífico conjunto de textos que muestran tanta sorpresa ante el
mundo chilango como ilusión y desencanto, siempre desde una firme capacidad de
expresar lo que se registra. Aquella firmeza da soltura a la prosa de Salazar,
bien construida, fluida, en ocasiones brillante.
Y más allá del registro de los hechos, o más acá,
desde el fondo mismo del autor y de esos hechos, surge una mirada que todo lo
condensa y que muy probablemente puede ser compartida por todos los lectores o
por un buen número de ellos. Escribe Salazar por ejemplo: “Sí, la ciudad es un
dolor del que no podemos librarnos, un lazo que no poseemos pero del que
formamos parte, la trampa de la que es imposible escapar: un sino, una condena.
Como en la historia de Edipo, la amamos pero nuestro amor la llevará a la
muerte. Somos sus hijos y estamos condenados al matricidio erigido sobre el
deseo y el cariño. Es verdad. No le tenemos compasión”.
No nos tenemos compasión, pudo escribir el autor.
Y no lo hacemos porque al parecer no podemos ya mirarnos en nuestro propio
espejo. Cuando lo hacemos nos hallamos perdidos, solitarios en la muchedumbre…
a menos que tomemos la palabra y emprendamos el camino del recuerdo de lo
inmediato, como tan bien ha hecho el mismo Salazar.
Jezreel Salazar, Sentido de fuga (La ciudad, el amor y la escritura). México, Universidad
Autónoma de la Ciudad de México (Crónica Urbana), 2009; 180 pp.
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